sábado, 23 de febrero de 2019

Proyección del documental colombiano "Nueve disparos" 30/03/2019. 6pm


sesión 46. Año V
  • Dirección, producción y fotografía: Jorge Andrés Giraldo Antía; Guión: Carlos Rodríguez Aristizábal, Jorge Andrés Giraldo Antía
En la larga guerra colombiana, muchas voces han sido silenciadas y muchas historias han permanecido en reserva a la espera del momento adecuado para salir a la luz. ¿Ha llegado el momento, ahora, cuando el país avanza hacia un posconflicto? En Nueve Disparos, Jorge, sargento de la Armada Nacional quien por causa de su trabajo sufrió un atentado, se enfrenta a las imágenes que él y su madre han elaborado a lo largo de muchos años, para construir un relato en primera persona que habla de su vida, de sus abismos, de los sueños que ha conseguido transitando un camino de sangre. Un relato que al mismo tiempo da cuenta de los jóvenes que van a luchar, en el bando que sea, y de las madres cuyos vientres paren hijos para dicha guerra. Este documental nos permite escuchar una voz potente, cargada de una experiencia que desarma sin ninguna ideología, con su simple humanidad.

Reproducimos la carta de Carlos Rodríguez Aristizábal
Guionista, montajista y asesor de Nueve Disparos.

EL DÉCIMO DISPARO
Carlos Rodríguez Aristizábal

Con el sorpresivo premio del Festival Internacional de Cine de Cali a Nueve Disparos, tuvimos ocasión de sumar un disparo más al camino de esta película, un disparo sanador.
Hace pocas semanas, varios meses después de su estreno fuera de competencia en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de este año, donde fue maravillosamente acogida por el público y la organización del certamen, participamos en competencia en la Muestra Internacional de Documental de Bogotá –MIDBO-, en la sección Espejos Para Salir del Horror. La larga y consolidada trayectoria de esta muestra, además de su rigor, nos hizo emocionar cuando supimos de nuestra selección.

Realmente llegamos a pensar que obtendríamos algún reconocimiento: en las cuatro proyecciones que tuvimos sentimos de nuevo la conexión de la película con el público. Llantos contenidos, exclamaciones, risas. El silencio que siempre sigue a cada proyección y luego el estruendo de los aplausos y los comentarios.

La noche de premiación, cuando anunciaron que el premio en nuestra categoría lo otorgaba el Centro Nacional de Memoria Histórica, supe de inmediato que no tendríamos ningún reconocimiento. Este relato de un joven de escasos recursos que se convierte en Infante de Marina y casi pierde la vida en un atentado, no podía ser premiado por ese centro en este momento. Era demasiado, y de alguna manera lo entiendo.

Ese es justamente el valor de Nueve Disparos, el ser un relato incómodo que no admite leerse desde el confort de los juicios establecidos.

En todo caso salimos devastados, había sido mucho el esfuerzo para llegar hasta ahí. Una película que parte de un trabajo de grado del que fui director, en el que me impliqué con Jorge, el entonces estudiante y hoy director de la película, hasta el día de hoy, mucho tiempo después de haber cumplido con los requisitos académicos. Sin presupuesto, sin una productora detrás, sólo con un inicial apoyo de la Universidad Javeriana de Cali. Raspando los bolsillos para acompañar a la película en cada proyección.

Con un contexto social, político e institucional complejo, que por momentos nos hacía sentir que la película se nos iba de las manos, temiendo que cayera en el pantano de polarización que actualmente vivimos los colombianos.

Insistentemente he salido, como un chiflado, antes o después de cada proyección, para explicar que la película nace de un trabajo académico, que absolutamente ninguna institución del estado ni de las Fuerzas Armadas tuvo que ver con su producción, que no es la historia de un héroe de la patria herido a causa de su servicio, sino de un joven de barrio de escasos recursos, rebelde y talentoso, que no puede continuar con su vocación y termina en la guerra como una opción laboral y de movilidad social. En su caso fue la Armada, pero es la misma historia de muchos de los jóvenes que terminan en otros bandos. Como un loco he repetido eso mil veces, inútilmente tal vez, pues sé que la lectura de una obra depende tanto del texto como del contexto. Y es al contexto a lo que
más temía.

Para el Festival Internacional de Cine de Cali, a la semana siguiente de la MIDBO, seguíamos magullados. En uno de los eventos académicos a los que asistí, escuché decir a una prestigiosa autoridad del documental en Colombia, refiriéndose subrepticiamente a la película, que ya los militares estaban haciendo relatos cínicos desde la derecha: historias de soldaditos. Chascarrillos de esa calaña sitúan irresponsablemente a Nueve Disparos en un campo minado.

Durante el mismo simposio estuvo la directora paraguaya Paz Encina, quien nos conmovió hablando del proceso de realización de su película Ejercicios de Memoria, donde trabaja con los denominados Archivos del Terror elaborados por los militares durante la dictadura de Stroessner en Paraguay, para hurgar en la memoria de la familia de Agustín Goiburú, desaparecido por el régimen del dictador.

Nuestra película también está basada en el archivo, en el archivo familiar elaborado por la madre de un joven problemático que se convierte en militar. Aumentaban mis temores
con la manera como la película iba a ser leída.

Asistimos, discretos, a las dos proyecciones programadas durante el festival. Nuevamente
la reacción del público, los llantos y las preguntas emocionadas durante el foro. Dudé mucho si asistir al evento de clausura, prefería que asistiera Jorge como director pero tuvo un inconveniente que se lo impidió. Era tanta la incomodidad y malestar que sentía que decidí pensarlo un poco más contando con que la premiación sería después de la proyección de la película de clausura Vientos de la Habana. No fue así y mientras rumiaba mis dudas un buen amigo, que seguía el acto por streaming, llegó hasta la casa gritando: se lo ganaron, se lo ganaron. Sólo hasta media hora después supimos que ganamos el premio “María” a Mejor Película Colombiana.

Aún cuesta creerlo: compitiendo con 7 películas más de la calidad de Señorita María: la falda de la montaña, Amazona, Yo Lucas, La defensa del dragón. Las otras no las he visto aún.

Más que el reconocimiento cinematográfico, que nos llena de satisfacción, es el aval que este premio le otorga a este relato en un momento tan complejo social y políticamente. Espero que ayude a anclar el lugar de enunciación de Nueve Disparos en lo cinematográfico y en los relatos sobre la memoria – no en la Historia- de lo que hemos vivido como país.

Parece, pues no estoy muy al tanto, que jurídicamente es controversial la inserción de los militares heridos en la categoría de víctimas. Aunque Jorge lo menciona en su narración, la tesis es otra. No es una verdad jurídica lo que la película busca, sino de otro tipo: para el lugar desde el que intentamos hablar, Jorge no es víctima por los disparos que recibió, lo era desde antes por la desigualdad y la injusticia social que siguen campeando en Colombia. Lo es por el reparto de roles que el orden económico mundial hace entre países. Lo es de la misma manera que lo son los jóvenes que empuñan las armas de los otros muchos bandos que se enfrentan en nuestro territorio. Como lo es también su madre, víctima del orden patriarcal y de la pobreza, quien produjo casi la totalidad de las imágenes de la película durante más de 35 años. Mujer en la que es posible ver a todas las madres que ante la ausencia de oportunidades deben enviar sus hijos a la mutilación o la
muerte.

Nueve Disparos está construida como una fábula, pues más que hablar de la situación social y política de Colombia entre 1980 y 2017, habla de madres que producen la carne de cañón para la guerra; de sociedades que, como Saturno, devoran a sus propios hijos. Y lo hace desde lo específico del relato de Jorge Andrés: un Infante de Marina de la Armada Colombiana que sufrió un atentado de las FARC.

El premio otorgado por el Festival Internacional de Cine de Cali, simbolizado por ese precioso objeto elaborado por el artista caleño Oscar Muñoz a partir fotogramas de María, la primera película rodada en Colombia, cierra un tramo de un camino que ha sido difícil y lleno de dudas, noches en vela, ansiedad. Una digna película de SINCINCO, el Sindicato de Cineastas Colombianos, según una de las geniales ocurrencias de Luis Ospina, director del festival.

Sospechaba que el premio lo había otorgado un jurado internacional, pues me resulta aún difícil creer que un jurado nacional se atreviera a premiarla en este momento de posturas radicales. Al indagar por la composición del jurado supe que lo conformaron un nacional y dos internacionales. Entre éstos la cineasta paraguaya Paz Encina, la misma que me había conmovido con su ponencia sobre Ejercicios de Memoria. La alegría no podía ser mayor, ni la tranquilidad.

A Jorge Andrés mi agradecimiento por permitirme acompañar y guiar este proceso, mi reconocimiento a su valentía para enfrentarse a un camino que lo comprometía emocional, personal, familiar y profesionalmente de un modo bastante complejo. Y mi deseo que esto sea la continuación de un camino en lo creativo y lo audiovisual, que nunca debió truncarse. Gracias a Luisa por estar en el proyecto al lado de Jorge durante el trabajo de grado, por ser su escucha, apoyo, interlocutora. A María, sin comillas, por hacer lo mismo conmigo y por mucho más.

A los que nos abandonaron cuando más los necesitábamos, gracias por aligerar el equipaje. A los que sonrieron maliciosamente, a los que nunca creyeron, a los que se lavaron las manos, a los que se callaron y miraron para otro lado, a los que juzgaron y prejuzgaron, a los que intentaron ponerla a jugar del lado de sus ambiciones profesionales, a los que hicieron comentarios mezquinos, pusilánimes, malintencionados; gracias por hacernos más fuertes y tercos. No pudieron poner ese décimo disparo en la película.

Ese disparo estaba reservado para la cámara de Doña Blanca Antía, madre de Jorge, quien es la mayor responsable de todo esto. Suya es la foto que acompaña este texto, una foto que en mí tiene un efecto sanador, con un subtexto que grita que sí valía la pena esta empecinada apuesta a una sola carta.

Cali, noviembre 18 de 2017.
Carlos Rodríguez Aristizábal
Guionista, montajista y asesor de Nueve Disparos.
Director del trabajo de grado de Jorge Andrés Giraldo Antía y Luisa Fernanda Pérez Pulido,
del que surge la película, elaborado para la carrera de Comunicación de la Pontificia
Universidad Javeriana de Cali.

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